Ni tan brujo

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@culturizando Nos recuerda que #TalDiaComoHoy en 1940 se pone en funcionamiento este campo de concentración. #Auschwitz #Polonia el letrero de la entrada reza: Arbeit macht frei (El trabajo te hará libre)

@culturizando Nos recuerda que #TalDiaComoHoy en 1940 se pone en funcionamiento este campo de concentración. #Auschwitz #Polonia el letrero de la entrada reza: Arbeit macht frei (El trabajo te hará libre)

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La promesa… Aunque las cosas se voltearon y pareciera que no hay via para que sean cumplidas, la esperanza es el motor que nos mantendrá siempre vivos. #Wadowice (Ciudad natal de Juan Pablo II) #Polonia #Catedral de Wadowice.

La promesa… Aunque las cosas se voltearon y pareciera que no hay via para que sean cumplidas, la esperanza es el motor que nos mantendrá siempre vivos. #Wadowice (Ciudad natal de Juan Pablo II) #Polonia #Catedral de Wadowice.

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Un domingo cualquiera

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Los fines de semana se volvieron vacíos, aburridos; la tristeza flota en cada esquina de mi cuarto. Todo está en calma. 

Cuento los sábados que no le he visto. Son 9 en total y cada semana que corre, a ratos, la esperanza se pierde. 

A ratos mi fuerza desaparece, lo busco entre fotos y recuerdos. Hurgo entre su intimidad a ver si logro descifrar qué dicen sus ojos. Solo me dicen que él sigue andando, y que yo debo hacer lo mismo. 

Cuento cada martes. Desde aquel 19 de marzo que nos dijimos adiós no le he vuelto a ver. Ese día comenzó el final de una historia. No hay mas para siempre. Seis meses fue nuestro para siempre.

Corren los días y lo único que pasa por mi mente son sus ojos mirándome, su sonrisa cómplice y su tibio cuerpo. Pongo mi cabeza sobre el lado derecho de esa cama, miro a mi lado esperando conseguir el mismo cuerpo tibio, la misma mirada cómplice y los mismos ojos mirándome invitándome a hacérselo. 

Parpadeé y ya no estás…  

Sigo esperándote aunque la gente me diga que no volverás. Sigo esperándote, no importa cuánto me tome. Sigo esperándote en esa cama.

Jesús Reyes Borjas.

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¡Confía! 
Heme allí, trabajando, haciendo lo que más me gusta: caminar, patear las calles, hablar como un loro, imaginar escenarios, historias, dirigir…
Estos días han sido muy movidos, ya ni recuerdo cuantos sitios he visitado, a cuantas reuniones he asistido, ni cuantas caras nuevas he visto; lo cierto es que aunque la tristeza quiera apoderarse de mí, lo he disfrutado, he disfrutado cada segundo de esta semana.
Los últimos 40 días han sido un ir y venir en mis emociones y sentimientos; una constante lucha con mi yo interno, un esfuerzo titánico por conectarme con aquel Jesús que se sentía en paz y feliz no estando enamorado, sin despreciar en lo absoluto el estarlo; simplemente disfrutando de mi soledad, no teniéndole miedo a ella. Así era yo antes de conocerlo él.
No quiero caer en el juego de que ahora todo lo malo que pasa dentro de mi sea su culpa, no habrá mentira más grande que esa, pero lo que si es cierto es que su partida me hizo aterrizar de alguna forma. Y sin ponerle cara al malo de la película, siento que Dios tuvo mucho que ver en esto. No estoy diciendo que él haya decidido quitarlo de mi camino, pero si estoy seguro que me empezó a preparar para algo que aun desconozco lo que es.
Tras estas semanas pasaron muchas cosas a mi alrededor, pero una conversación crucial con mis mejores amigos logró hacerme despertar. Era necesario que despertase de ese trance del que es normal después de una ruptura, después de todo duelo, pero en el que me iba hundiendo cada vez más. 
A veces escuchar de tus amigos y de extraños cosas que no quieres escuchar o simplemente hacer caso omiso sobre mí mismo, sobre mi extinta relación o sobre él, te hace reflexionar y pensar: ¿Qué estoy haciendo conmigo? ¿Es todo esto justo para mí? ¿Me merezco arrastrarme de esta manera cuando alguien emprende un camino en el que la primera tarea es olvidarme para poder ser feliz, porque junto a mi no lo consiguió? O al menos sintió que en un futuro no la iba a conseguir…
Estos últimos seis días cada paso, cada palabra, cada mirada, cada recuerdo y cada reflexión junto a Dios, ha sido una bofetada para mi. Es caer en cuenta que si iba a ser fácil salir del hueco en el que me sucumbí, al ver terminada una relación que fue catalogada por mi y por los que me rodearon como “perfecta”. Y si, quizás para los tiempos en los que vivimos, era más que perfecta, pero que con pleno conocimiento yo de lo que podía pasar, en un momento del camino me nublé y se me olvidó que tenia fecha de vencimiento. Ahora el paso mas importante es dejar de recordarlo cada segundo. Es un gran avance que lo recuerde ya no con tristeza.
Hoy, entre tantas cosas, me confesé, si, lo logré. Después de 13 años me senté junto a un cura frente a frente, sin tabú alguno le dije quien era… Tenían que verle la cara cuando le dije: “Hola Padre, vengo a confesarme, desde que salí del closet no lo hago…”
Allí confirmé lo que tanto me decía a mi mismo: Dios me ama no importa como sea. Logré la indulgencia plenaria con Dios, aunque lo ideal hubiese sido que como hombre respondiera mi corazón y mi cuerpo a una mujer.
La confesión fue una conversación interesante, me sentí desahogado. En 30 min que creo duró mi confesión, le conté toda mi vida, hasta las veces que me quité el escapulario de la hermana Francisca para cometer “actos impuros”. Le hablé de mi impaciencia, mis rabias, frustraciones, tristezas y de este guayabo que hoy supero.  El Padre a la final se convirtió en ese extraño que te dice lo que ya todos te han dicho pero que solo escuchándolo de un extraño logras caer en cuenta. Hasta palabras de aliento, de esas en las que la esperanza es lo último que se pierde… Pero por sobre todas las cosas me hizo entender que “somos humanos, erramos y que lo mas importante de cambiar es reconocer que debemos hacerlo y tener paciencia para ello”. Por último me dio su bendición, y yo al ver que se despedía y cerraba el acto de confesión le pregunté: Padre, ¿y la penitencia? Él me respondió: Sigue haciendo tu trabajo, tu entendiste lo que quieres y lo que quiere Dios de ti, sigue haciendo el bien… Yo te absuelvo de todos tus pecados… En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén…
Hoy al cerrar los ojos antes de sentarme a escribir esto, recapitulé, rebobiné, y solo veo que hay un camino: Seguir trabajando con ánimo, aunque el entorno no ayude; que si caigo me levanto, que si lloro debo luego sonreír, que si me enamoro debo vivirlo, que si me despido debo dejar ir…
Aunque falte mucho por recorrer para sanar, me siento mejor, veo mejor las cosas y aunque lo deje ir, la esperanza en lo profundo se conserva, esperando que nuestros caminos se unan algún día, para terminar lo que alguna vez comenzó. 
Si quieres esperar con fe, hazlo sin detenerte, y si quieres mirar atrás, mira también sin detenerte. Pero por sobre todas las cosas: ¡Confía! 

 

Jesús Reyes Borjas 

¡Confía! 

Heme allí, trabajando, haciendo lo que más me gusta: caminar, patear las calles, hablar como un loro, imaginar escenarios, historias, dirigir…

Estos días han sido muy movidos, ya ni recuerdo cuantos sitios he visitado, a cuantas reuniones he asistido, ni cuantas caras nuevas he visto; lo cierto es que aunque la tristeza quiera apoderarse de mí, lo he disfrutado, he disfrutado cada segundo de esta semana.

Los últimos 40 días han sido un ir y venir en mis emociones y sentimientos; una constante lucha con mi yo interno, un esfuerzo titánico por conectarme con aquel Jesús que se sentía en paz y feliz no estando enamorado, sin despreciar en lo absoluto el estarlo; simplemente disfrutando de mi soledad, no teniéndole miedo a ella. Así era yo antes de conocerlo él.

No quiero caer en el juego de que ahora todo lo malo que pasa dentro de mi sea su culpa, no habrá mentira más grande que esa, pero lo que si es cierto es que su partida me hizo aterrizar de alguna forma. Y sin ponerle cara al malo de la película, siento que Dios tuvo mucho que ver en esto. No estoy diciendo que él haya decidido quitarlo de mi camino, pero si estoy seguro que me empezó a preparar para algo que aun desconozco lo que es.

Tras estas semanas pasaron muchas cosas a mi alrededor, pero una conversación crucial con mis mejores amigos logró hacerme despertar. Era necesario que despertase de ese trance del que es normal después de una ruptura, después de todo duelo, pero en el que me iba hundiendo cada vez más.

A veces escuchar de tus amigos y de extraños cosas que no quieres escuchar o simplemente hacer caso omiso sobre mí mismo, sobre mi extinta relación o sobre él, te hace reflexionar y pensar: ¿Qué estoy haciendo conmigo? ¿Es todo esto justo para mí? ¿Me merezco arrastrarme de esta manera cuando alguien emprende un camino en el que la primera tarea es olvidarme para poder ser feliz, porque junto a mi no lo consiguió? O al menos sintió que en un futuro no la iba a conseguir…

Estos últimos seis días cada paso, cada palabra, cada mirada, cada recuerdo y cada reflexión junto a Dios, ha sido una bofetada para mi. Es caer en cuenta que si iba a ser fácil salir del hueco en el que me sucumbí, al ver terminada una relación que fue catalogada por mi y por los que me rodearon como “perfecta”. Y si, quizás para los tiempos en los que vivimos, era más que perfecta, pero que con pleno conocimiento yo de lo que podía pasar, en un momento del camino me nublé y se me olvidó que tenia fecha de vencimiento. Ahora el paso mas importante es dejar de recordarlo cada segundo. Es un gran avance que lo recuerde ya no con tristeza.

Hoy, entre tantas cosas, me confesé, si, lo logré. Después de 13 años me senté junto a un cura frente a frente, sin tabú alguno le dije quien era… Tenían que verle la cara cuando le dije: “Hola Padre, vengo a confesarme, desde que salí del closet no lo hago…”

Allí confirmé lo que tanto me decía a mi mismo: Dios me ama no importa como sea. Logré la indulgencia plenaria con Dios, aunque lo ideal hubiese sido que como hombre respondiera mi corazón y mi cuerpo a una mujer.

La confesión fue una conversación interesante, me sentí desahogado. En 30 min que creo duró mi confesión, le conté toda mi vida, hasta las veces que me quité el escapulario de la hermana Francisca para cometer “actos impuros”. Le hablé de mi impaciencia, mis rabias, frustraciones, tristezas y de este guayabo que hoy supero.  El Padre a la final se convirtió en ese extraño que te dice lo que ya todos te han dicho pero que solo escuchándolo de un extraño logras caer en cuenta. Hasta palabras de aliento, de esas en las que la esperanza es lo último que se pierde… Pero por sobre todas las cosas me hizo entender que “somos humanos, erramos y que lo mas importante de cambiar es reconocer que debemos hacerlo y tener paciencia para ello”. Por último me dio su bendición, y yo al ver que se despedía y cerraba el acto de confesión le pregunté: Padre, ¿y la penitencia? Él me respondió: Sigue haciendo tu trabajo, tu entendiste lo que quieres y lo que quiere Dios de ti, sigue haciendo el bien… Yo te absuelvo de todos tus pecados… En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén…

Hoy al cerrar los ojos antes de sentarme a escribir esto, recapitulé, rebobiné, y solo veo que hay un camino: Seguir trabajando con ánimo, aunque el entorno no ayude; que si caigo me levanto, que si lloro debo luego sonreír, que si me enamoro debo vivirlo, que si me despido debo dejar ir…

Aunque falte mucho por recorrer para sanar, me siento mejor, veo mejor las cosas y aunque lo deje ir, la esperanza en lo profundo se conserva, esperando que nuestros caminos se unan algún día, para terminar lo que alguna vez comenzó. 

Si quieres esperar con fe, hazlo sin detenerte, y si quieres mirar atrás, mira también sin detenerte. Pero por sobre todas las cosas: ¡Confía! 

Jesús Reyes Borjas 

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Pareciera que sus ojos nos miran con desprecio. Nos ven pasar indiferentes, ajetreados, agitados, sudados, bulliciosos. 
Su único deseo es que entre tanto tarantin y tanta apatía, cada corazón logre sostener junto a ellos tanta historia y tantos recuerdos. 
Sus ojos han visto pasar consejales, alcaldes, gobernadores, ministros, presidentes, empresarios y con paciencia y la fuerza que los mantiene en pie, esperan el día en que la voluntad se haga persona. 
Ruego a Dios que nada ni nadie dispare la furia de estos Titanes. #Atlantes

Pareciera que sus ojos nos miran con desprecio. Nos ven pasar indiferentes, ajetreados, agitados, sudados, bulliciosos.

Su único deseo es que entre tanto tarantin y tanta apatía, cada corazón logre sostener junto a ellos tanta historia y tantos recuerdos.

Sus ojos han visto pasar consejales, alcaldes, gobernadores, ministros, presidentes, empresarios y con paciencia y la fuerza que los mantiene en pie, esperan el día en que la voluntad se haga persona.

Ruego a Dios que nada ni nadie dispare la furia de estos Titanes. #Atlantes

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Travía de #Maracaibo. Estación #Basílica de la #Chiquinquira. 
La añoranza por lo bueno de un pasado prospero. Fuimos los primeros. No permitamos llegar de último. 

#zulia #zulianidad #venezuela #color #calor #hot #colors #vintage #retro #urban #igersmaracaibo #igersvenezuela #pic #photo #city #cities #chinita #viaje #journey #pasado #past #MaracaiboMia #YoAmoMiCiudad

Travía de #Maracaibo. Estación #Basílica de la #Chiquinquira.
La añoranza por lo bueno de un pasado prospero. Fuimos los primeros. No permitamos llegar de último.

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